DOI :http://dx.doi.org/10.14718/RevArq.2014.16.8

ARTÍCULO. PROYECTO ARQUITECTÓNICO Y URBANO

Crítica sistémica. Un enfoque hermenéutico del fenómeno arquitectónico

Systemic Criticism —An Hermeneutical Standpoint of the Architectural Phenomenon

Eska Elena Solano Meneses*
Universidad Autónoma Metropolitana (México) Unidad Cuajimalpa

* Licenciada en Arquitectura, Universidad Autónoma del Estado de México, Facultad de Arquitectura y Diseño. Maestra en Educación con Especialidad en Desarrollo Cognitivo, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Toluca. Doctora en Diseño, Universidad Autónoma del Estado de México. Profesora Invitada Titular "B" del Departamento de Teoría y Procesos del Diseño de la División de Ciencias de la Comunicación y Diseño, UAM, Unidad Cuajimalpa. Profesora de Cátedra en las materias de Teoría e Historia de la Arquitectura en el Tecnológico de Monterrey Campus Toluca. Publicaciones: (2014) Arquitectura Supermoderna: diseño Antrópico. Revista Legado. (2012) El fenómeno arquitectónico: una visión cognitiva y simbólica. Revista ASINEA. (2012) Dinámica urbana: el problema de la complejidad. Revista Diversus Nexus. (2010) Crítica posestructuralista del fenómeno arquitectónico. Revista ASINEA. esolano@correo.cua.uam.mx

Referencia:Solano Meneses, E. E. (2014) Crítica sistémica. Un enfoque hermenéutico del fenómeno arquitectónico. Revista de Arquitectura, 16, 68—76. doi:10.14718/RevArq.2014.16.8

Recibido: mayo 10/2014 Evaluado: agosto 29/2014 Aceptado: octubre 24/2014


RESUMEN

La crítica sistémica analiza bajo tres enfoques: cognitivo, semiótico y simbólico, la manera como el destinatario interpreta un fenómeno arquitectónico. Esta tiene como objetivo proponer una visión de crítica bajo un enfoque transdisciplinario, abierto y holístico, apegado al contexto en el que el objeto de diseño se genera actualmente. Retoma de la hermenéutica, la concepción de una interpretación apoyada en tres etapas: prefiguración, configuración y refiguración, esta última a partir de tres dimensiones: lógica, ética y estética, para incorporar un nuevo paradigma, en el que el fenómeno arquitectónico ha trascendido lo tectónico (formal y funcional) para acercarse al terreno de lo antropológico. Este estudio concluye con la implementación de la propuesta, cuyos resultados evidencian la riqueza de una hermenéutica que trasciende al objeto y lo percibe como fenómeno.

Palabras clave:analogía, arquitectura, complejidad, interpretación, teoría y crítica de arquitectura.


ABSTRACT

Systemic criticism analyzes the way how the addressee interprets an architectural phenomenon through three perspectives: cognitive, semiotic, and symbolic. Its purpose is to propose a critical view under a transdisciplinary, open, and holistic standpoint, in accordance to the context in which the object of design is currently generated. It picks up from hermeneutics the conception of an interpretation supported in three stages: prefiguration, configuration, and refiguration; this last part in three dimensions: logic, ethics, and aesthetics, in order to incorporate a new paradigm in which the architectural phenomenon has transcend tectonics (formal and funtional) and gets closer to the anthropological realm. This study concludes with the implementation of a proposal, whose results show the richness of a hermeneutical approach that transcends the object by perceiving it as a phenomenon.

Key words: Analogy, architecture, complexity, interpretation.


INTRODUCCIÓN

El presente artículo hace parte de los resultados asociados a la tesis doctoral titulada "Crítica arquitectónica sistémica: enfoque cognitivo, semiótico y simbólico del fenómeno de la supermodernidad en México", producto de la investigación de la autora, actualmente adscrita como Investigadora de Tiempo Completo a la Universidad Autónoma Metropolitana, y llevada a cabo del año 2009 al 2012. La línea de investigación corresponde al área de: Diseño y Competitividad Urbanos, y tiene como objetivo evaluar los principales métodos de análisis semiótico y de hermenéutica arquitectónica desarrollados con la intención de generar una propuesta completa de crítica arquitectónica. La crítica arquitectónica ha partido de conceptos endógenos a la disciplina, ha estado sujeta a una autointerpretación, y ha deambulado entre la univocidad pretendida por la modernidad positivista a la equivocidad abierta y ambigua de una hermenéutica posmoderna. La tesis que sostengo propone el desarrollo de una crítica arquitectónica sistémica, en la que se incorporan nuevos enfoques: cognitivo, semiótico y simbólico.

Este estudio se centróen generar una crítica sistémica de la arquitectura, lo que permitiódesvelar la importancia de la multiplicidad de enfoques en el universo de análisis, así como el redireccionamiento que cada intérprete hace de los conceptos y símbolos que emergen del fenómeno en cuestión. La necesaria conexión entre los enfoques requirióde una herramienta posmoderna que admitiera tres enfoques complementarios y simultáneos, pero que impidiera que, bajo efectos de la posmodernidad, se perdiera en un antiformalismo de derivas interpretativas infinitas en el que no existiera regulación. Este enfoque sistémico y complejo de la crítica arquitectónica encontróen la hermenéutica analógica icónica, el instrumento bajo el cual fue posible el aglutinamiento de los subsistemas ya que todos los enfoques (cognitivo, semiótico y simbólico) se fusionan de manera común con el concepto de experiencia.

Apoyado en la crítica sistémica, un fenómeno arquitectónico1 es analizado en tres etapas: prefiguración, configuración y refiguración. Primeramente, es sometido a una prefiguración que corresponde a una etapa meramente descriptiva, que consiste en una enumeración de características físicas, analizando emplazamientos, dimensiones, programas arquitectónicos, disposiciones espaciales, etc. El contexto, es decir, la configuración, es resultado de una época, encontrando en ella asociaciones propias de su coetaneidad. La refiguración arroja información subjetiva de la obra, no por ello polarizada.

Como base epistemológica en el estudio de la arquitectura, su inmersión redirecciona la manera como se aprecia el fenómeno arquitectónico, ya que su virtud estriba en generar una visión poética desde la prosaica. Lo cotidiano se convierte en instrumento de interpretación lógica, ética y estética, facilitando la interpretación.

La crítica sistémica es una propuesta de un proceso reflexivo, con el que un fenómeno arquitectónico es visualizado: parte de una conformación compleja constituida de sistemas diferentes que diversifican el enfoque de análisis, sin que ninguno tenga supremacía sobre los demás, de ahí su carácter sistémico.

La visión sistémica se compone de tres grandes enfoques (sistemas complejos), capaces de crear sus propias estructuras y componentes, y de generar argumentos que fundamenten la interpretación del fenómeno arquitectónico. Estos enfoques son: cognitivo, semiótico y simbólico, mismos que mantienen entre sí una relación contingente generando una triada que profundiza la crítica del objeto de diseño.

El enfoque cognitivo es aquel que se apoya en el proceso intelectual de procesamiento de información, que hace posible la aprehensión, comprensión y representación conceptual de un objeto o fenómeno; como tal constituye el eje del análisis, ya que permite el anclaje de los otros dos enfoques: el semiótico y el simbólico.

Por su parte, la semiótica es concebida como un instrumento para el análisis del fenómeno arquitectónico como signo, que desde una postura posestructuralista permite un acercamiento libre al fenómeno apoyándose en variables resultantes de la revisión del pensamiento contemporáneo, incorporando a lo formal—funcional, lo simbólico.

Finalmente, el enfoque simbólico implica una base antropológica que le confiere un valor representativo (rebasando el valor inmanente) al fenómeno arquitectónico, en congruencia con su contexto cultural, ideológico, social y temporal.

MÉTODO

La propuesta desarrollada es una visión sistémica que se apoya de vertientes teóricas provenientes de la hermenéutica, la semiótica, la cognitiva y antropológica para facilitar la generación de una interpretación del fenómeno arquitectónico. Esta visión sistémica busca involucrar todos los aspectos implícitos en la arquitectura, no solo como objeto en sí, sino en consideración con lo que socialmente detona.

La propuesta de crítica se compone de tres etapas:

1. Prefiguración, que una etapa descriptiva experimenta en el momento de enfrentarse con el fenómeno arquitectónico; es una etapa denotativa, que incluye un primer acercamiento analítico; en ella es posible distinguir datos como: año de ejecución, autor, dimensiones en plantas y alzados, materiales, procesos constructivos, programa arquitectónico, descripción formal, análisis funcional, estilo, etc.

2. Configuración, apoyada en la información existente sobre el fenómeno y en el acercamiento a sus condiciones contextuales. Para ello debe considerarse todo lo referente a la época en términos ideológicos, sociales, culturales, políticos, económicos; primero, alejada de la arquitectura y, posteriormente, se relaciona con el fenómeno arquitectónico buscando fundamentar las variables que condicionan un proyecto. A ello se agrega un estudio biográfico del autor, que permita comprender sus condiciones y postura frente a su obra.

3. Refiguración, constituye la crítica, el nivel más profundo, ya que es este momento donde las ideas se conectan e insertan en la "realidad" social del individuo, y la obra se posibilita como un medio que refleja aspectos simbólicos. Para asegurar que abarque la totalidad del fenómeno arquitectónico, se consideran tres dimensiones: la lógica, la ética y la estética.

Con esto se completa el proceso bajo el sustrato del pensamiento crítico (Corrigan, 2014) que implica: a) un evento detonante (el fenómeno arquitectónico), b) apreciación (análisis arquitectónico), c) exploración (cuestionamiento que busca causas, como sucede en la configuración), d) búsqueda de alternativas (construcción de una postura crítica a través del cruce de lo hallado en la apreciación y exploración), e) integración (crítica que considera el proceso anterior como fundamento). Este proceso asegura generar reconocimiento y la adopción de una postura analítica, así como la conciencia de aprecio por la obra arquitectónica; pero además, a través de la construcción de una postura personal, en la generación del conocimiento por medio de la experiencia.

RESULTADOS

Fundamentos y complejidad

La complejidad constituye el eje de discusión del trabajo, no meramente como argumento en el que se apoye la visión sistémica, sino desde la estructura misma en que se concibe la investigación. Sus fundamentos emergen de diversas posturas teóricas regidas por una teoría general (complejidad), cuya incorporación amplía el horizonte de análisis3.

La teoría cognitiva se centra en el constructivismo, cuyos postulados niegan una realidad universal, privilegiando la interpretación como una construcción personal, tamizada por las experiencias personales, sociales y de contexto. Las teorías semiótica y simbólica complementan la plataforma teórica sustentada por la cognitiva, exponen los principios del posestructuralismo en el caso de la semiótica y discuten, desde una perspectiva antropológica, la dimensión simbólica en la arquitectura.

La teoría de la arquitectura se construye de los enfoques revisados y en el marco contextual de la globalización, ya que en ellos se analizan las repercusiones de dicho fenómeno en el campo arquitectónico.

De la semiótica a la hermenéutica

La arquitectura, como forma de expresión y objeto de diseño, constituye en sí misma una forma de lenguaje. Si bien sus códigos icónicos se alejan del lenguaje convencional o escrito, también están sujetos a una serie de elementos constitutivos que forman parte del proceso de significación, y que la semiótica estructuralista tenía claramente identificados: signo, significante y significado. En arquitectura, el signo y el significante se resumen en uno y son partícipes de la semiosis4 con la que cada concepto es generado. El código, para los estructuralistas, se considera permanente y la lectura obliga a una interpretación convergente.

En la semiótica es posible distinguir tres momentos: la semántica (referente al significado textual, denotación), la sintaxis (referente al significado intertextual, conexiones de coherencia) y la pragmática (referente al significado contextual, intención); este último momento que la ubica como una disciplina divergente. Para Marcelo Dascal (1995), la pragmática constituye la rama de la semiótica que coincide con la hermenéutica, ya que ambas se centran en la intencionalidad y de ahí surge la crítica (figura 1).

La semiótica posestructuralista o interpretativa, por su gran apertura, proporciona el escenario adecuado para el desarrollo de una crítica sistémica, al permitir la incorporación de diversos conceptos de análisis así como una deriva interpretativa que enriquezca la discusión arquitectónica. La hermenéutica constituye, así, la síntesis del análisis teórico sistémico ya descrito, ya que en ella se efectúa la interpretación que conduce a la construcción de la crítica sistémica.

La crítica posestructuralista

Para Foucault, crítica es hermenéutica (Beuchot, 2012), y ha de ser capaz de cuestionar todo, desde lo cuestionable hasta lo incuestionable. Lo cuestionable como un fundamento lógico por desvelar, y lo incuestionable para analizar el proceso a través del cual se constituye en ese hecho o conocimiento evidente y absoluto.

En este marco de la complejidad y de la postestructura, la crítica posmoderna requiere de una estrategia de tendencia hermenéutica y no apofántica4.

La crítica posmoderna de Foucault se sustenta en la genealogía, que denomina también anticiencia: "La genealogía sería una especie de empresa para romper el sometimiento de los saberes históricos y liberarlos, es decir, hacerlos capaces de oposición y lucha contra la coerción de un discurso teórico utilitario y científico" (2006, p. 24).

Es compromiso de la crítica en la posmodernidad insertar la genealogía propuesta por Foucault y con ella abatir la idea de una posibilidad única de interpretación del diseño, en la búsqueda de un enriquecimiento reflexivo de esta disciplina.

El principio de transdisciplinaridad complementa la apertura y el enriquecimiento de la crítica. Al respecto, Lauro Zavala (1999) establece que la transdisciplinariedad "significa el reconocimiento de problemas que preexisten a la distinción de las diferentes disciplinas". Es decir, la parcialización de los conocimientos y la eliminación de otros (menores), contribuyeron a una visión limitada de la arquitectura, en la que esta se intentóexplicar.

Paralela a la investigación humanista contemporánea, la crítica posmoderna ha de deambular sobre una "tendencia intertextual". Acorde a esta tendencia, la verdad es solo producto del diálogo, en el que todo se liga al contexto (Zavala, 1999). Presupone una teoría de la comunicación en la que el receptor es el verdadero creador de la significación. Nicol (2001) afirma que toda forma de pensamiento es una representación del objeto y una creación del sujeto.

La preocupación posestructuralista es por la función del sujeto en la significación, ya que se hace evidente un desplazamiento del interés del objeto hacia el sujeto, del creador hacia el espectador.

Este pensamiento se ve reflejado en la postura de Norberto Chaves (2006), quien propugna por la idea de la importancia del intérprete sobre la obra, en la que el autor ya no tiene jerarquía.

Por su parte, Derrida (2008) establece la necesidad de deconstruir5 las oposiciones jerárquicas que gobiernan y hacen posible nuestro pensamiento. La estrategia general de la deconstrucción opera en los siguientes niveles o fases:

a) Simulación. Mostrar el doble gesto, ambivalencia, doble cara implícita en los conceptos.

b) Deshacer las oposiciones (juego). La deconstrucción consiste en invertir y cambiar tanto un orden conceptual como uno no conceptual con el que se articula.

c) Inversión jerárquica de las oposiciones binarias de la tradición occidental. Es no quedarse en el "ni uno ni otro" y reestructurar el campo significativo.

d) Nuevos conceptos no asimilables, buscando conceptos liminales, que estén en los márgenes de una disciplina.

Usar la deconstrucción como la guía para una propuesta de crítica sistémica requiere de instrumentos como la semiótica (análisis) y la hermenéutica (síntesis), ya que los signos serán el objeto de estudio de la semiótica al tiempo que los símbolos lo serán de la hermenéutica (Ricoeur, 1995), estableciendo a través de la analogía un común denominador.

La hermenéutica analógica icónica

Heidegger (1999), apoyado en Husserl (1959), desarrolla la "hermenéutica de la facticidad" en la que propone que, para la interpretación ontológica, es necesaria la consideración de la intención (retomada de Husserl) y la temporalidad. De esta manera, la interpretación no consiste en hacer una mera reproducción del primer aspecto de algo por la apariencia que ofrece, sino una interpretación de todo lo que conlleva, en tiempo y espacio.

Asimismo, Heidegger (2009) establece que una hermenéutica se apoyará en procesos de Abbau o destrucción, es decir, proponiendo un desmontaje histórico y temporal ya mencionado.

Con Ricoeur (1995), en lo que él denomina Mimesis I, Mimesis II y Mimesis III6, quedan implícitas, las posturas relativa y subjetiva, en las que las fuentes de construcción deambulan entre lo individual y lo social.

Mímesis I es la prefiguración que el autor posee y que lleva con él en el momento de generar su obra; Mímesis II corresponde a la configuración, es decir, a la disposición de los elementos en la composición de la obra y, finalmente, la Mímesis III, considerada la refiguración, es cuando el intérprete de la obra aplica el sentido que la obra tiene para él.

Como se aprecia, esta repercusión de lo social queda mayormente plasmada en la refiguración, ya que es este momento de la hermenéutica donde las ideas se conectan e insertan en la "realidad" social del individuo, obedeciendo a adaptaciones y manipulaciones que le dan un carácter de congruencia con el contexto.

Esta refiguración presenta un carácter dialógico, en el que la coconstrucción (Muntañola, 2009) tiene lugar. Asimismo, tanto la base analógica de Beuchot (2000), como la refiguración de Ricoeur (1995), presentan una característica de construcción social en la que las ideas en común de un tiempo y un espacio7 predominan sobre las personales.

Como se dejóentrever, la analogía es el elemento que unifica y brinda un carácter social a la interpretación. La postura analógica, además, tiene como ventaja el separarse de las polarizaciones de la hermenéutica moderna y posmoderna: la univocidad, que abogaba por una única, posible y absoluta interpretación de un fenómeno, hasta la propuesta posmoderna de equivocidad donde las múltiples posibles interpretaciones ubicaban al principio de validez en un campo infinito. La propuesta de hermenéutica analógica, desarrollada por Beuchot (2000), se aleja de estos extremos. Entre la objetividad del absoluto y la subjetividad de lo ambiguo se encuentra la intersubjetividad (Beuchot, 2008) que implica la construcción dialógica o intertextual (figura 2).

La hermenéutica analógica supone la posibilidad a una interpretación consensuada, argumentativa, que justifique la analogía mediante el diálogo (Beuchot, 2008).

Una derivación propuesta por Beuchot (2000), propicia un acercamiento evidente al campo de lo simbólico: la hermenéutica analógica icónica. Lo icónico es, en sí, la analogía simbólica, ya que toma como referente a la naturaleza o ente objetivo y es el hombre el que le da carácter de simbólico.

Lo simbólico en el objeto de diseño arquitectónico: topogénesis

Para Muntañola (2009), el lugar es concebido a partir de la experiencia y la asignación de significado, y abarca un proceso de socialización al considerar que para su conformación es necesaria la presencia del "otro". Las dimensiones en las que el autor apoya su teoría de topogénesis (construcción del lugar) son: la lógica, la ética y la estética.

Dimensión lógica

La dimensión lógica se ocupa de la manera como el hombre ordena los objetos sobre el territorio, las relaciones de uso que concede a cada uno de ellos, así como las proximidades y la distancia que guardan entre sí. "La lógica del lugar marca siempre la medida bajo la cual la humanidad es capaz de representarse a sí misma" (Muntañola, 1996, p. 32).

Dimensión ética

Muntañola (2009) desarrolla un concepto también ligado al de la proxémica por su concepción espacial en referencia al "otro", ya que la dimensión ética considera aspectos del espacio bajo una connotación social.

La dimensión ética se constituye en la razón práctica de la arquitectura, y circunscribe al fenómeno arquitectónico como conformador de un constructo social. El fenómeno arquitectónico contribuye a la regulación de la conducta humana, determinando la manera como el hombre procede consigo mismo y con los demás.

Dimensión estética

La dimensión estética resulta de la relación existente entre las dos dimensiones anteriores: la lógica y la ética. El análisis de la dimensión estética, propuesto por Muntañola (2009), encuentra su raíz en el estudio desarrollado por Robert Venturi (1995) y que consiste en asociar la lingüística con sus elementos de figuras y estrategias retóricas consiguiendo un estudio analógico en las formas y el lenguaje arquitectónico, en que la metáfora, el tropos, la hipérbola y la ironía, entre muchas otras, son transferidas para servir como elemento de discusión arquitectónica.

Muntañola (1981) considera a la poética, a la retórica y a la hermenéutica como elementos complementarios o subdimensiones de la dimensión estética, que señalan una guía para su análisis (figura 3).

Entendida en términos arquitectónicos, la poética de Muntañola (1981) habla de la armonía entre las partes que la integran como fenómeno: objeto, contexto, historia, experiencia, entre otras.

La retórica, por su parte, implica la intención del arquitecto de persuadir, de convencer a través de su argumento que encuentra su esencia en la composición. La composición resulta, acorde con Muntañola (2009), de la combinación de figuras y estrategias de composición así como de la tipología y el contexto de referencias.

La hermenéutica, finalmente, permite la interpretación de lo construido (poética) y lo argumentado (retórica), una interpretación no limitada al contexto de origen ni del autor, sino a la exégesis, una visión crítica que permita la confrontación con la realidad para coconstruir significados en la ausencia del otro (otredad) y en el marco de una interrelación social.

DISCUSIÓN

Construcción de una crítica sistémica

La estrategia de la crítica sistémica, construida sobre la base de las posturas teóricas revisadas, pretende ser una guía, no bajo un concepto de metodología rígida, sino como rutas fundamentales que orienten el proceso.

La estrategia se enmarca en las tres dimensiones de la topogénesis: la lógica, la ética y la estética, desde las cuales se interpreta el fenómeno arquitectónico. El proceso se inicia con las etapas del proceso hermenéutico, que van de la prefiguración, que cumple una función perceptiva; la configuración, que cumple una función denotativa, hasta llegar a la refiguración, de función connotativa. La refiguración se apoya en la interpretación analógica, la cual surge de las manifestaciones microculturales: las configuraciones fijas, semifijas y las informales.

La misma interpretación analógica implica procesos como las interacciones sujeto—fenómeno, diferenciaciones, relativizaciones, la coordinación sistémica y el horizonte dialéctico. Finalmente, en lo que respecta a la analogía, se propone un proceso lúdico, que apoyado en la deconstrucción, dé lugar a las simulaciones de los conceptos analogados, es decir, a la multiplicidad de posibles significaciones bajo un enfoque liminal, al rompimiento de las articulaciones convencionales de la analogía, inversión de los conceptos analogados y analogías basadas en nuevos conceptos no asimilables (figura 4).

Conceptos analogados en la crítica sistémica

La reinterpretación de las ideas de la posmodernidad permite el acercamiento de las ideas entre autores contemporáneos8, de cuyas teorías se extraen conceptos como:

1. Recursividad y retroducción. Concibe el fenómeno arquitectónico como un elemento analogado, en el que la relación analógica9 puede ser invertida.

2. Desconcierto. Se da si el fenómeno pretende sorprender al usuario, ya sea por su forma, contraste o función.

3. Obscenidad. El fenómeno no provoca curiosidad por ser completamente abierto y contundente, sin posibilidad de sorpresa y seducción.

4. Translucidez. La translucidez implica una transparencia parcial, lo que se interpreta como un intercambio aparente que no es claro.

5. Virtualidad. Lo virtual es el resultado del fingimiento o la simulación, que en el fenómeno arquitectónico aparenta algo de manera superficial.

6. Indeterminación. Referida a la incertidumbre y lo aleatorio. Denota falta de definición e imposibilidad de medir o conformar, considera aspectos no resueltos.

7. Confrontación. Concebida como la lucha de contrarios: puede ser un contraste formal, material o estilístico.

8. Desilusión. Implica la eliminación de cualquier expectativa, desengaño, decepción, impresión que se experimenta cuando algún elemento no responde a las expectativas que se habían creado.

9. Destino. Es la fuerza desconocida que actúa de forma inevitable sobre los fenómenos, lo que obliga a un desarrollo irremediable y no se puede cambiar.

10. No intercambio. El intercambio se imposibilita cuando no es posible encontrar conexión alguna entre los elementos constituyentes de un fenómeno.

11. Homogeneización. Es el resultado de un sinnúmero de identidades incapaces de reconocer en ellas particularidades.

12. Paradoja. Es lo opuesto a lo que se considera apropiado o que contradice el sentido común.

13. Aturdimiento. Es no sentir la certeza de algo. La perturbación conlleva una falta de serenidad y de certidumbre.

14. Analogía. Es la semejanza o afinidad de relaciones existentes entre dos elementos.

15. Conveniencia. Se da cuando las cosas pueden imitarse sin encadenamiento ni proximidad, aboliendo la distancia que le es propia.

Los conceptos desarrollados como detonadores para la crítica sistémica, se conciben como un universo en sí mismos, cada uno presenta posibilidades de análisis profundo sobre las múltiples interpretaciones, ya que su transferencia al fenómeno arquitectónico, además de constituir un ejercicio para el análisis del mismo, también muestra sus posibilidades para un análisis cultural10.

Implementación de la crítica sistémica en el objeto de diseño arquitectónico

La implementación de esta visión de crítica ha sido instrumentada en estudiantes de arquitectura como programa piloto desde el año 2012, y ha generado frutos altamente enriquecedores. En comparación con los ejercicios de crítica sostenidos en cursos previos a la instrumentación de la crítica sistémica, la crítica desarrollada era muy limitada, generalmente concerniente a justificar el fenómeno desde el estudio y análisis de su contexto, pero sin una interpretación personal sustentada en algo más que el aprecio estético. Hoy en día, dichos alumnos han desarrollado la capacidad de exteriorizar crítica de obra contemporánea amparada en las bondades de la crítica sistémica, descubriendo con ello en el fenómeno arquitectónico un fenómeno ontológico, que involucra todas las facetas de la conducta y el quehacer humano, con aspectos inteligibles en los que se captan nuevas relaciones que los subsistemas del fenómeno poseen, así como atributos o propiedades del mismo.

En la figura 5 se aprecian las tres etapas de la crítica: prefiguración, configuración y refiguración. En esta última etapa, es perceptible el deambulaje por las tres dimensiones: lógica, ética y estética, donde se han apoyado de la analogía con los conceptos posmodernos antes descritos.

CONCLUSIONES

A partir del presente estudio es posible descubrir las implicaciones que los enfoques cognitivo, semiótico y simbólico tienen en la generación de una interpretación simbólica del fenómeno arquitectónico, ya que los procesos cognitivos constituyen el canal a través del cual se establece el diálogo con lo objetual—arquitectónico, y estos se verán determinados por el tipo de relación establecida con dicho fenómeno.

De la misma manera, la semiótica posestructuralista — que nos conduce a la hermenéutica— nos posibilita una interpretación mediada por la analogía hecha con conceptos posmodernos, y, finalmente, lo simbólico se ancla de lo analógico para darle un enfoque cultural al fenómeno de la arquitectura.

Asimismo, en la crítica sistémica, la concepción del valor simbólico que se le concede a cada fenómeno arquitectónico obedece prioritariamente a una relación producto de la refiguración. Luego, entonces, el carácter simbólico que adquiere el lugar es producto de una construcción social e individual por encima del espacio físico, y se sustenta en la interpretación contextual e intertextual del lugar, sobrepasando la intención del autor o arquitecto emisor.


NOTAS

1El fenómeno hoy ha de interpretarse, dentro de una ontología, como la suma de todas sus características visibles y no visibles, temporales y espaciales, es decir en su amplio contexto.

2Tanto los fenómenos naturales como sociales se encuentran inmersos en una serie de factores que los determinan, y que se encuentran interconectados, en constantes fluctuaciones y reorganizaciones, tal cual lo describe la teoría de la complejidad y los sistemas complejos.

3Proceso en el que algo funciona como signo, como construcción de signos.

4Que carece de argumentación e interpretación.

5Para Derrida, deconstruir consiste "en interrogar los presupuestos del pensar y de las instituciones" (Fullat, 2002, p. 141).

6Prefiguración, configuración y refiguración respectivamente.

7Entendido como imaginario social.

8Entre los que cito a Katia Mandoki, Michel Foucault, Jaques Derrida, Umberto Eco, Paul Ricouer, Josep Muntañola y Jean Baudrillard.

9Relación con otro fenómeno, situación u objeto.

10La ambigüedad de cada concepto posibilita un análisis en doble sentido, ya que su connotación puede ser polarizada en positiva o negativa: el aturdimiento se observa positivamente como virtud si posibilita la seducción hacia el fenómeno arquitectónico en términos negativos, si la confusión generada provoca problemas de función.


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